Un día más el sol salió por el horizonte y comenzaba a escucharse el graznido de las aves, los animales salían de sus escondrijos y las flores se abrían de par en par para recibir toda la claridad de la mañana; pero un hombre permanecía desnudo e inquieto, de cuclillas en medio de aquel campo primaveral.
Su rostro de figura cadavérica y ojos apagados dirigían la atención hacia el suelo, mientras que con sus manos palpaba cada segmento de su desnutrida caja torácica dándose pellizcos en la piel buscando alguna pizca de masa corporal. No era casualidad que una vez más cerca de él, me diese cuenta que sus lágrimas se deslizaban por su faz hasta llegar a sus labios, que nerviosos, se movían y pronunciaban suaves palabras de desesperación enfermiza, palabras de anhelo sobre aquello que siempre quiso tener... un cuerpo perfecto.
Me acerqué a él, y le intenté consolar con palabras dulces y de serenidad intentando incluso utilizar gestos afectivos como apoyar mi mano en su hombro para transmitirle confianza, pero la conversación no comenzó según esperaba:
+ Déjame... déjame solo por favor. - emitió amargamente el personaje afligido.
- Mire señor, le he visto en medio de todo esto y de esta forma, y quería decirle que...
+ Otra vez vienes... otra vez vienes a intentar repetirme lo mismo que hiciste siempre, intentar callarme, pero sabes que no puedes hacerlo. Algún día asumirás que no sirve de nada que aguantes... que caerás otra vez, por lo menos.
- Lo siento... pero si quiere podemos hablar tranquilamente ¿vale?, intente tranquilizarse.
+ No sabes lo que eres, ni lo que quieres, ni como piensas, ni como no piensas en lo que deberías pensar. ¿Alguna vez te has mirado al espejo y te has visto mal? ¿Cuántas veces te han humillado por tu aspecto? ¿Cuántas veces te has arrepentido de haber nacido con ese físico? ¿con esa cara? ¿con esa grasa que se esconde debajo de tu piel? ¿Eh, gordo?
- Creo que usted no se encuentra bien. Parece evidente que es mejor que me vaya... no entiendo bien por qué me he acercado a usted.
+ ¡Sí que lo sabes! ¡Mírame a la cara pedazo de sebo! - vociferó girando su cara hacia mi.- Nunca, ¡nunca te olvides de mi y de mis palabras! ¡Nunca olvides quien fui para ti! Siempre he estado dentro de ti y por siempre lo estaré.
Aquel individuo tenía mi rostro... me costó reconocerlo pero era él... ¿yo? No cabía duda de que compartía mis rasgos en una especie de esperpéntica parodia de mi mismo.
De alguna forma lo recordaba, recordaba a ese mal chiste. Él había sido aquel que había sido dueño de mis pensamientos tiempo atrás, quien había tirado por tierra todos mis sueños, deseos, perspectivas, quien había destruido todas y cada una de mis esperanzas. Quien una vez, acabó conmigo.
Y lo volvió a hacer.
Con una navaja que guardaba bajo uno de sus pies, se lanzó hacia mí lanzando arcos de movimiento sobre mi cuello, abriendo un amplio surco... apagando mis últimas palabras, ahogando mi último suspiro, bañando la soleada primavera con mi sangre hasta que mis ojos se apagaron. Fue entonces cuando la noche se hizo, el frío viento llegó al prado y el hombre anémico comenzó a caminar sobre la hierba.
Nuevamente, después de años, mi dolor y mis lamentos se superpusieron al sonido del viento en la pradera.
El Paraiso Perdido
"La idea de no ser el mejor en algo me hacía sentirme enfermo. Ser menos que lo mejor era inaceptable"
sábado, 23 de enero de 2016
domingo, 28 de junio de 2015
Y cuando se debe acabar con todo...
Cuando el viento siempre sopla en tu contra,
cuando la noche permanece por más tiempo de lo esperado,
cuando las mareas rompen continuamente en tu mente con violencia,
cuando hace tiempo que la llama de tu interior se apagó,
cuando tus recuerdos reaparecen cada día para no hacerte olvidar quien fuiste,
cuando toda esperanza y toda satisfacción por la vida se esfumaron,
cuando lo único que queda es odio contra los demás...
... y contra ti mismo.
"Nos dicen que el suicidio es la MAYOR MUESTRA DE COBARDÍA que existe... que el suicidio ES UN ERROR, lo equivocado; cuando es bastante obvio que no hay nada en el mundo a lo que el hombre le de más importancia que a su propia vida y a su persona"
martes, 17 de marzo de 2015
El Templo de la Muerte
"El hombre que no percibe el drama de su propio fin no está en la normalidad sino en la patología, y tendría que tenderse en la camilla y dejarse curar" - Carl Gustav Jung
Inyecta todo tu mal en mi cuerpo inocente. - Pensó el drogadicto mientras presionaba el émbolo.
Se levantó torpemente de entre los escombros, lanzando la última jeringuilla vacía contra la pared y miró hacia uno y otro lado mientras una sonrisa enfermiza aparecía en su rostro; aquel era un edificio en ruinas que había sucumbido al olvido con el paso de los años.
Lo único que iluminaba la estancia era una leve claridad que penetraba a través del surco donde antaño hubo una ventana, de las farolas del exterior. Pero la oscuridad a él no le asustaba, ¡qué importancia tiene la luz cuando su euforia aplastaba las tinieblas de la noche!
El entusiasmo por correr y saltar le invadieron y emprendió su camino por los vestigios abandonados de la humanidad; y aunque los lamentos rompían el silencio del lugar y el hedor a vómitos y exudado inundaban el aire, aquel había sido su entorno natural desde hacía tiempo.
Así pues se adentró en las vacías y gélidas calles de un polígono industrial. Pero el frío no le importaba, ¡qué importancia tiene el frío cuando su euforia lo abrigaba!
Pronto llegó a un descampado, donde la noche lo ocultaba todo. Pero eso no era suficiente. Él conocía el lugar a la perfección, él sabía como era el lugar sin necesidad de ninguna iluminación.
Decidió adentrarse entre aquella hierba....¡era él tan magnífico!¡quería recorrer el mundo que tenía a sus pies!
A los pocos metros, gracias a su intuición, supo que en su siguiente movimiento se tropezaría con una enorme piedra que bloqueaba el paso, así que saltó hacia un lado en un ágil movimiento pero de baja precisión, haciéndole caer al suelo. Una sensación de frustración apareció en su cabeza pero rápidamente se puso en pie de un salto y continuó corriendo.
Un torrente de voces asaltaron su mente recordándole su torpeza y la rabia originada por el revés se transformó en ira... comenzó a acelerar. Las voces se convirtieron en burlas y la ira pasó a ser odio contra sí mismo.
La ciudad quedaba tras de sí, recorriendole un escalofrío a lo largo de su cuerpo que alejaba por un momento todos esos malditos chillidos envidiosos que tronaban dentro de sí.
Él era el amo de la ciudad y podía ir por donde quisiera, ¡nadie podía decirle lo que tenía que hacer a alguien como a él! Así que para demostrarlo saltó a la carretera, persiguiendo el infinito recorrido de la linea blanca que dividía por la mitad el asfalto.
El camino tendía a ascender hacia una colina, pero sus fuerzas comenzaron a desaparecer...
------------
...El frío y el cansancio le empezaron a hacer mella y tuvo que continuar caminando.
Su tez cambió a un tono blanquecino y su sonrisa fue menguando; poco a poco fue recuperando su consciencia y sus pasos se volvieron lentos y pesados. Comenzó a sentir náuseas, hasta acabar vomitando en el arcén de la carretera. Poco después las lágrimas cruzaban su cara y su debilidad le obligó a arrodillarse sobre la vía.
Toda su vida había pasado ante sus ojos, aplastando cualquier resquicio de felicidad.
Todos sus problemas personales, todos sus enigmas existenciales volvieron a su mente en una ola destructiva; desde una adolescencia dura y cruel, pasando por una juventud de desamor, traición y soledad hasta su adultez carente de sentido e hipócrita.
Maldijo a su madre...por su egoísta decisión de crear una vida
Maldijo a su padre...por ser tan fértil a sus veintisiete años
Pero sobretodo se maldijo a sí mismo, a aquella repugnante pedazo de mierda, ¡a aquella broma de mal gusto que nunca debió haber nacido!
Mientras otros se obsesionaban por la autosatisfacción de sus deseos, para él las drogas fueron su única vía de escape a una cruda existencia llena de sufrimiento.
La obsesión por la propia autosatisfacción es lo que nos empuja al ser humano a un auténtico egoísmo que destruye la vida de las personas de nuestro alrededor con el fin de obtener nuestra propia felicidad. Somos un cáncer en la vida de los demás, de las personas a las que creemos querer.
Mientras todo esto pasaba por su cabeza, sintió como sus rodillas se humedecían; un riachuelo de sangre bajaba desde lo alto de la colina hasta él.
Gritos de dolor, gemidos de placer, el llanto de personas a las que él había dañado, voces que clamaban su muerte retumbaban en su cabeza al mismo tiempo que un fuerte olor a perfume emanaba de la sangre, donde su imagen quedaba reflejada en ella apareciéndose como un espectro maldito, una figura condenada al tormento.
Un alarido devastador de desesperación salió de sus labios a la misma vez que golpeaba su cabeza en un inútil intento de acallar aquella sinfonía suicida.
El frío le había entumecido sus músculos, y un diente crujía roto al rechinar con el inferior.
El Sol ya había aparecido en lo alto de la colina, pero era en aquel momento en el que sintió como la escarcha se había manifestado por su rostro.
Levantó por un momento la mirada, y vio en la parte superior del montículo un árbol, un árbol que a través del viento le enviaba dulces y cálidos susurros que amablemente le invitaban a que se acercara. Le iba a ofrecer el Todo.
Se apoyó en sus piernas para levantarse y caminar, mientras que la sangre que anteriormente le había empapado empezaba a penetrar por todos los poros de su piel. Sus ojos, ya inexpresivos, seguían fijos en el nuevo brote de esperanza.
Finalmente alcanzó la planta, donde la carretera sorprendentemente finalizaba. Sus ojos se encendieron al ver las ramas infectadas de cadáveres colgados, y justo en la rama inferior había una soga libre, un regalo exclusivo para él.
Se arrimó al obsequio, y subido a una piedra perfectamente colocada, bajo la placentera voz de la muerte, rodeó la cuerda a su garganta y se dejó caer. Sus lamentos se apagaron en el amanecer. Un brillo de vida en una muerte eterna. Su dolor había acabado con él. Por fin, descansaba.
viernes, 6 de marzo de 2015
Lamentos
Establecía mis pasos por la orilla de la playa mientras la brisa del mar acaecía en aquella tarde de invierno acariciando mis rostro con suave sutileza y el sol permanecía oculto entre las nubes. Era uno de mis lugares perfectos, donde podía dejar escapar mis pensamientos al interminable horizonte que se encontraba a mi lado, siendo respondidos siempre con el romper del oleaje y mi propia conciencia.
A decir verdad, acudía al mar donde había disfrutado grandes momentos de mi más tierna infancia únicamente entonces para expresar mis lamentos; el lugar que había sido alguna vez símbolo de felicidad ahora se había transformado en el lugar que engullía mis lágrimas.
En los últimos tiempos de mi vida, esta se había convertido en un total desorden en el que no conseguía encontrar el camino acertado: el sendero que me llevase a hacer lo correcto para mi y para la gente de mi alrededor, el que me dirigiese a una solución a la sensación de ansiedad y tristeza que me torturaba desde lo más profundo de mis entrañas. Sabía que si no hacía nada, todo esto iba a tornarse en un círculo vicioso que acrecentaría mi dolor... me llevaría a un pozo sin fondo del cual sería imposible salir, donde me ahogaría en sus profundidades hasta quedarme sin aliento.
Era en este tipo de momentos cuando siempre el agua del mar se agitaba contra mi tobillo, se filtraba entre mis dedos, y empapaba la tierra que pisaba. Necesitaba ayuda de verdad, pero era incapaz de expresar mis sentimientos a nadie, solo yo mismo era capaz de entenderme, y en ocasiones, ni siquiera eso.
Bajé mi cintura, me incliné hacia el suelo, y mantuve mi mirada fija en dirección al océano, agarré un puñado de arena y lo sostuve durante un momento en mi puño mientras inevitablemente se esfumaba con la fuerza del aire.
¿Podía ser todo tan inhumano? ¿Cómo habían podido desvanecerse en las sombras del tiempo decenas de sentimientos de una intensidad tan enorme? ¿Podían los sueños construidos con la mayor de nuestras pasiones derruirse en tan solo unos días? ¿Podían las personas abandonar a otras e intentar no dejar rastro de su travesía compartida?
Era demasiado fácil responder a estas preguntas, solo tenía que basarme en mis propios hechos.
Aun sabiendo todo esto y sin mis sentimientos de mi lado, debía enfrentarme a las adversidades que se me presentasen y no rendirme; aunque supiese desde el fondo de mí que esta era la respuesta más irracional que podría tener, si al menos no tenía valor para matarme en aquel mismo momento, debía de intentar darle a mi travesía vital la mayor comodidad posible.
Sin embargo, aquel suplicio al que tendría que enfrentar, lo tendría que hacer cientos de veces más a lo largo de mi existencia... no había certeza alguna sobre si el próximo tormento al que debería enfrentarme sería aquel que me condenase a un sufrimiento sin fin.
De alguna forma sabía que debía buscar mi felicidad fuese como fuese.
A decir verdad, acudía al mar donde había disfrutado grandes momentos de mi más tierna infancia únicamente entonces para expresar mis lamentos; el lugar que había sido alguna vez símbolo de felicidad ahora se había transformado en el lugar que engullía mis lágrimas.
En los últimos tiempos de mi vida, esta se había convertido en un total desorden en el que no conseguía encontrar el camino acertado: el sendero que me llevase a hacer lo correcto para mi y para la gente de mi alrededor, el que me dirigiese a una solución a la sensación de ansiedad y tristeza que me torturaba desde lo más profundo de mis entrañas. Sabía que si no hacía nada, todo esto iba a tornarse en un círculo vicioso que acrecentaría mi dolor... me llevaría a un pozo sin fondo del cual sería imposible salir, donde me ahogaría en sus profundidades hasta quedarme sin aliento.
Era en este tipo de momentos cuando siempre el agua del mar se agitaba contra mi tobillo, se filtraba entre mis dedos, y empapaba la tierra que pisaba. Necesitaba ayuda de verdad, pero era incapaz de expresar mis sentimientos a nadie, solo yo mismo era capaz de entenderme, y en ocasiones, ni siquiera eso.
Bajé mi cintura, me incliné hacia el suelo, y mantuve mi mirada fija en dirección al océano, agarré un puñado de arena y lo sostuve durante un momento en mi puño mientras inevitablemente se esfumaba con la fuerza del aire.
¿Podía ser todo tan inhumano? ¿Cómo habían podido desvanecerse en las sombras del tiempo decenas de sentimientos de una intensidad tan enorme? ¿Podían los sueños construidos con la mayor de nuestras pasiones derruirse en tan solo unos días? ¿Podían las personas abandonar a otras e intentar no dejar rastro de su travesía compartida?
Era demasiado fácil responder a estas preguntas, solo tenía que basarme en mis propios hechos.
Aun sabiendo todo esto y sin mis sentimientos de mi lado, debía enfrentarme a las adversidades que se me presentasen y no rendirme; aunque supiese desde el fondo de mí que esta era la respuesta más irracional que podría tener, si al menos no tenía valor para matarme en aquel mismo momento, debía de intentar darle a mi travesía vital la mayor comodidad posible.
Sin embargo, aquel suplicio al que tendría que enfrentar, lo tendría que hacer cientos de veces más a lo largo de mi existencia... no había certeza alguna sobre si el próximo tormento al que debería enfrentarme sería aquel que me condenase a un sufrimiento sin fin.
De alguna forma sabía que debía buscar mi felicidad fuese como fuese.
domingo, 22 de febrero de 2015
El despertar
Mis ojos comenzaron a moverse con rapidez detrás del manto que los protegía de la poderosa luz del flamante amanecer. Los párpados adormecidos se abrieron para dar paso a un nuevo día.
La luz penetraba entre los huecos de la deteriorada persiana, que se había mantenido cerrada durante varias semanas e intenté recordar el por qué no le dediqué al menos unos segundos a subirla para que al menos intentar aparentar a los vecinos que algún alma existía en el hogar.
Miré el reloj que se encontraba sobre la mesilla de noche y me di cuenta que debía levantarme para llegar a tiempo a la universidad... bueno, a tiempo para la siguiente hora de clases. Levanté mi torso doblando mi cuerpo por la mitad y giré mi cadera hacia mi lado izquierdo para bajar mis pies hacía el suelo. En ese mismo instante, me cuestioné si realmente merecía algún esfuerzo salir de aquella habitación y una sensación de vacío me golpeó, desmoronando cualquier idea construida desde la somnolencia.
Sentí el frío helado del suelo en la planta de mis pies cuando estas tomaron contacto y mis recuerdos de los anteriores días hicieron acto de presencia en mi yo consciente, susurrando sobre mi caída en la perdición, sobre todo aquello que perdí, todo aquello que nunca volveré a tener, todo aquello que nunca tendré y lo que siquiera podré aspirar a tener. Todos aquellos sueños que se quebraron bajo falsas promesas, todos aquellos actos que convirtieron mis deseos en cenizas, todos aquellos pensamientos que un día me hacían sonreír, ahora eran lágrimas forjadas a través del sufrimiento.
Intentando silenciar todas aquellas voces que rugían en mi cabeza, me levanté de la cama y salí rápidamente del cuarto para dirigirme hacia el baño. Una vez allí, enjuagué en agua mi rostro en el lavabo y me miré en el espejo. Lo único que era capaz de contemplar en mi reflejo, era El Error.
"Un hombre que no ha pasado a través del infierno de sus pasiones, no las ha superado nunca" - Carl Gustav Jung
La luz penetraba entre los huecos de la deteriorada persiana, que se había mantenido cerrada durante varias semanas e intenté recordar el por qué no le dediqué al menos unos segundos a subirla para que al menos intentar aparentar a los vecinos que algún alma existía en el hogar.
Miré el reloj que se encontraba sobre la mesilla de noche y me di cuenta que debía levantarme para llegar a tiempo a la universidad... bueno, a tiempo para la siguiente hora de clases. Levanté mi torso doblando mi cuerpo por la mitad y giré mi cadera hacia mi lado izquierdo para bajar mis pies hacía el suelo. En ese mismo instante, me cuestioné si realmente merecía algún esfuerzo salir de aquella habitación y una sensación de vacío me golpeó, desmoronando cualquier idea construida desde la somnolencia.
Sentí el frío helado del suelo en la planta de mis pies cuando estas tomaron contacto y mis recuerdos de los anteriores días hicieron acto de presencia en mi yo consciente, susurrando sobre mi caída en la perdición, sobre todo aquello que perdí, todo aquello que nunca volveré a tener, todo aquello que nunca tendré y lo que siquiera podré aspirar a tener. Todos aquellos sueños que se quebraron bajo falsas promesas, todos aquellos actos que convirtieron mis deseos en cenizas, todos aquellos pensamientos que un día me hacían sonreír, ahora eran lágrimas forjadas a través del sufrimiento.
Intentando silenciar todas aquellas voces que rugían en mi cabeza, me levanté de la cama y salí rápidamente del cuarto para dirigirme hacia el baño. Una vez allí, enjuagué en agua mi rostro en el lavabo y me miré en el espejo. Lo único que era capaz de contemplar en mi reflejo, era El Error.
"Un hombre que no ha pasado a través del infierno de sus pasiones, no las ha superado nunca" - Carl Gustav Jung
domingo, 24 de agosto de 2014
Anorexia Nervosa
Sus pensamientos, una orgía de preocupaciones y complejos...su carne y sus huesos, un accidente del paisaje... el contorno de su figura, la expresión de los sentimientos que la habían demacrado.
Lo que en un comienzo había sido un intento circunstancial de aparentar estar menos gorda y tener un cierto atractivo, acabó convirtiéndose en un puñal psicológico que seccionaba una y otra vez las finas fibras que unían sus fervientes deseos de ser alguien más perfecto con la cordura.
"Perfección"... ¡que palabra! ¡la palabra que perseguía y se alejaba entonces!¡una mentira para algunos y un objetivo para ella! ¡una vez crees poder superar el hambre, te combate con la ansiedad! Pero ella siempre vencía, ¡la perfección era algo grande a conseguir! ¡Cada gramo que evitas consumir como un cerdo es un paso agigantado en lo imposible!
Con una talla de 1,63m., no podía dejar que las medidas de la cintura y su peso se escaparan de sus manos... no... debían estar bajo control y lo estaban en ese mismo instante y no iba a dejar que ni sus padres ni ningún estúpido psicólogo se entrometiese en su cometido para no acabar solucionando nada.
lunes, 21 de julio de 2014
Helvete
El último de los predicadores cristianos caía a sus pies separado de sus dos brazos.
Los cadáveres rodeaban a la docena de soldados del jarl Håkon Sigurdsson, empapados por la sangre del enemigo, el sudor y la llovizna que caía sobre ellos mientras el más joven de la patrulla orinaba sobre los cuerpos inertes de sus enemigos a la misma vez que les lanzaba maleficios. Brondolf era el lider del grupo, representaba de forma directa al consejo del clan, quienes habían decidido que debían unirse a las tropas contra los cristianos daneses que llegarían a las tierras escandinavas por el norte. Allí, cerca de la cascada Mardalsfossen y cerca de la bahía, se reunirían junto con el resto de las tropas de los clanes que servían al jarl en aras de defender los dioses de sus ancestros. Algunos decían que era inevitable la caída de los antiguos dioses, su desaparición por completo; pues la idea de un único Dios omnipotente y misericordioso que nos perdone nuestros pecados y nos de una vida llena de gozo tras morir con la única condición de arrepentirse era más atractiva.
Él sabía que ellos, los cristianos, se equivocaban sin lugar a dudas.
¿Un Dios que siente amor a su creación?¿Un Dios misericordioso?¿Un Dios perfecto? - escupió al suelo con absoluto desprecio mientras el odio invadía su interior. - ¿un Dios que siente amor hacia su creación permitiría que saliese fuego y humo de la tierra para destruir bosques y criaturas? ¿Un Dios que sintiese amor hacia su creación crearía una raza que se destruyese a sí misma?
¿Y la misericordia de la que hablaban los sacerdotes del sur? - recordó la espiral de violencia que había acontecido hacia apenas un rato.- ¿Es parte de su misericordia, amor y su perfección ver morir de forma horrible a lo que los sacerdotes consideraban "los corderos de Dios"? -Sonrió durante un momento. - "...Desde luego...sus hermanos han muerto como auténticos corderos."
Odín, Thor, Baldr, Bragi, Freya, Frigg, Tyr, Vili, Heimdal.... ellos formaban parte de la única fe verdadera, tradición de incontables siglos de historia desde el comienzo de la historia del universo.
Cada uno de aquellos seres que habitaban en el Asgard tenían sus imperfecciones y sus virtudes, cada uno de ellos tenía un gran poder sobre cada uno de nuestros aspectos, pero lo más importante...el error era parte de ellos. Y me pregunto.... si nos encontramos en un mundo imperfecto.... lleno de odio, destrucción y muerte, ¿es posible que exista un único Dios perfecto, misericordioso y amante de su creación?
O sus sacerdotes no tuvieron en cuenta el miserable papel de Dios y la gran interpretación del que llaman Lucifer, o simplemente propagan mentiras.
Brondolf miró a sus hombres:
- Chicos, ¡estos cristianos dicen que estamos ciegos porque no vemos el milagro del hijo de su deidad!¡Yo digo que ellos sí que estaban ciegos! ¡no vieron venir su muerte aun con la ayuda de su Dios moribundo!
Los cadáveres rodeaban a la docena de soldados del jarl Håkon Sigurdsson, empapados por la sangre del enemigo, el sudor y la llovizna que caía sobre ellos mientras el más joven de la patrulla orinaba sobre los cuerpos inertes de sus enemigos a la misma vez que les lanzaba maleficios. Brondolf era el lider del grupo, representaba de forma directa al consejo del clan, quienes habían decidido que debían unirse a las tropas contra los cristianos daneses que llegarían a las tierras escandinavas por el norte. Allí, cerca de la cascada Mardalsfossen y cerca de la bahía, se reunirían junto con el resto de las tropas de los clanes que servían al jarl en aras de defender los dioses de sus ancestros. Algunos decían que era inevitable la caída de los antiguos dioses, su desaparición por completo; pues la idea de un único Dios omnipotente y misericordioso que nos perdone nuestros pecados y nos de una vida llena de gozo tras morir con la única condición de arrepentirse era más atractiva.
Él sabía que ellos, los cristianos, se equivocaban sin lugar a dudas.
¿Un Dios que siente amor a su creación?¿Un Dios misericordioso?¿Un Dios perfecto? - escupió al suelo con absoluto desprecio mientras el odio invadía su interior. - ¿un Dios que siente amor hacia su creación permitiría que saliese fuego y humo de la tierra para destruir bosques y criaturas? ¿Un Dios que sintiese amor hacia su creación crearía una raza que se destruyese a sí misma?
¿Y la misericordia de la que hablaban los sacerdotes del sur? - recordó la espiral de violencia que había acontecido hacia apenas un rato.- ¿Es parte de su misericordia, amor y su perfección ver morir de forma horrible a lo que los sacerdotes consideraban "los corderos de Dios"? -Sonrió durante un momento. - "...Desde luego...sus hermanos han muerto como auténticos corderos."
Odín, Thor, Baldr, Bragi, Freya, Frigg, Tyr, Vili, Heimdal.... ellos formaban parte de la única fe verdadera, tradición de incontables siglos de historia desde el comienzo de la historia del universo.
Cada uno de aquellos seres que habitaban en el Asgard tenían sus imperfecciones y sus virtudes, cada uno de ellos tenía un gran poder sobre cada uno de nuestros aspectos, pero lo más importante...el error era parte de ellos. Y me pregunto.... si nos encontramos en un mundo imperfecto.... lleno de odio, destrucción y muerte, ¿es posible que exista un único Dios perfecto, misericordioso y amante de su creación?
O sus sacerdotes no tuvieron en cuenta el miserable papel de Dios y la gran interpretación del que llaman Lucifer, o simplemente propagan mentiras.
Brondolf miró a sus hombres:
- Chicos, ¡estos cristianos dicen que estamos ciegos porque no vemos el milagro del hijo de su deidad!¡Yo digo que ellos sí que estaban ciegos! ¡no vieron venir su muerte aun con la ayuda de su Dios moribundo!
"¡Cómo caíste del cielo, oh Lucifer, hijo de la aurora! ¡Fuiste arrojado a la tierra, tú que has sido la ruina de las naciones! Isaías 14.12"
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