domingo, 22 de febrero de 2015

El despertar

Mis ojos comenzaron a moverse con rapidez detrás del manto que los protegía de la poderosa luz del flamante amanecer. Los párpados adormecidos se abrieron para dar paso a un nuevo día.
La luz penetraba entre los huecos de la deteriorada persiana, que se había mantenido cerrada durante varias semanas e intenté recordar el por qué no le dediqué al menos unos segundos a subirla para que al menos intentar aparentar a los vecinos que algún alma existía en el hogar.
Miré el reloj que se encontraba sobre la mesilla de noche y me di cuenta que debía levantarme para llegar a tiempo a la universidad... bueno, a tiempo para la siguiente hora de clases. Levanté mi torso doblando mi cuerpo por la mitad y giré mi cadera hacia mi lado izquierdo para bajar mis pies hacía el suelo. En ese mismo instante, me cuestioné si realmente merecía algún esfuerzo salir de aquella habitación y una sensación de vacío me golpeó, desmoronando cualquier idea construida desde la somnolencia.
Sentí el frío helado del suelo en la planta de mis pies cuando estas tomaron contacto y mis recuerdos de los anteriores días hicieron acto de presencia en mi yo consciente, susurrando sobre mi caída en la perdición, sobre todo aquello que perdí, todo aquello que nunca volveré a tener, todo aquello que nunca tendré y lo que siquiera podré aspirar a tener. Todos aquellos sueños que se quebraron bajo falsas promesas, todos aquellos actos que convirtieron mis deseos en cenizas, todos aquellos pensamientos que un día me hacían sonreír, ahora eran lágrimas forjadas a través del sufrimiento.
Intentando silenciar todas aquellas voces que rugían en mi cabeza, me levanté de la cama y salí rápidamente del cuarto para dirigirme hacia el baño. Una vez allí, enjuagué en agua mi rostro en el lavabo y me miré en el espejo. Lo único que era capaz de contemplar en mi reflejo, era El Error.

"Un hombre que no ha pasado a través del infierno de sus pasiones, no las ha superado nunca" - Carl Gustav Jung

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