Miré al cielo nublado, sentí la pesada atmósfera depositándose sobre mi.
Palpé las duras rocas, noté sus aristas trazar un surco en mi piel.
Introduje mis pies en las gélidas aguas del lago, y mi cuerpo tembló.
Continué, hasta que el frío golpeó mi cabeza, mi mente se estremeció ante la falta de oxigeno.
Unos segundos y cualquier sentimiento, cualquier esperanza, o simple pensamiento quedarían bajo los escombros de un viejo suplicio, una nueva vida bajo la muerte.
Cerré los ojos, esperé.
Nunca había esperado despertar, nunca había esperado que un calvario fuese eterno.
Mis ojos se abrieron ante la noche. La luna llena se situaba en lo alto del firmamento, cuya oscuridad era derrotada por la luminosidad de la aurora.
Mi cuerpo yacía desnudo sobre la nieve, la cual no me congelaba, sino que me abrigaba.
Los aullidos del lobo que se oían desde las bosques de la montaña me llamaban, el murmullo del viento golpeando suavemente las hojas de los árboles me seducían, el sonido de la cascada me incitaba.
Rápidamente me levanté y corrí por el bosque, convertido en uno con la naturaleza.
El Sol salió entre las montañas nevadas y un nuevo amanecer me recibía....
Fue entonces cuando sentí una mano en mi hombro, un aliento en mi nuca, susurros en mi oído.
Era ella, la chica más hermosa que jamás había visto, que me abrazaba mientras observábamos juntos el resurgir de nuevo día, un nuevo rayo de esperanza en nuestras vidas.
Me sentí libre a su lado, sentí que en mi rostro se dibujaba una sonrisa, sentí que una fuerza aparecía en mi interior.
Me arrepentí de haber despreciado en algún momento mi vida, y todo comenzó a cobrar sentido.
Todo aquello que tuve que superar no fue sino el preludio al origen de un nuevo nacimiento, un nuevo nacimiento donde desperdiciar el tiempo no estaba permitido.
Siete meses después puedo afirmar que la vida te retribuye, que todo el mal que puedas haber pasado tiene sentido por un regalo así que no puedes dejar perder.
En una persona puedes encontrar la desesperación y el dolor, y en otras la esperanza, la alegría, la fuerza.
En ella encontré mi fuente de vida, el oxígeno que llenaba mis pulmones.
La vida me otorgó una oportunidad, y no pienso fallar, pues en ella encuentro la perfección, mi perfección, mi otro yo.
Ich liebe dich
VI.VIII.MMXII
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