viernes, 5 de abril de 2013

Templo de la Locura

"La ciencia no nos ha enseñado aun si la locura es o no lo más sublime de la inteligencia" - Edgar Allan Poe

Creía llevar ya mucho tiempo fuera de casa, aquello se hacía insoportable y quería volver de una vez, no había ninguna diversión en esa situación.
Caminaba a duras penas por la avenida, mientras las figuras de los edificios y las personas se contorsionaban en una imagen llena de colores vivos que inundaban su mente enferma, mientras corroídas voces le asaltaban en un deformado eco disonante cuyas palabras no podía discernir.
La desesperación se hacia insoportable, y chilló con todas sus fuerzas para ahogarlos.
Lo único que consiguió fue que todos los seres que había a su alrededor le miraran, lo que le puso furioso, ¡no aguantaba que todos le observaran por ser tal como era! ¡estaba orgulloso de ser así! ¡no iba a tolerar que se rieran de él, pues él tenía derecho a que lo respetaran!
Comenzó a insultar y señalar a todas las criaturas que encontraba a su paso, juzgándolos, hasta que ante él, en el lejano horizonte, vislumbró al Sol, quien reía a carcajadas mofándose de él.
No había nada más insoportable que hasta el mismo Sol se burlara de ti, pues, si hasta el mundo te depreciaba, ¿qué sentido tenía aguantarlo?
El hombre se llevó las manos a la cara y originó una cascada de lágrimas que llegarían hasta las penumbras del mismo mar de la agonía. Pero entre todas los seres que habitaban en su cabeza, una alzó la voz:
- Si acabas con todos, ninguna vez más seras objeto de desaire
+ ¡No puedo...! ¡No puedo ha-hacer algo así! ¡Eso está mal! - contestó gritando.
- Levántate y sígueme, tengo la fórmula.
Así pués, dejó libre el rostro, secó las lágrimas y miró alrededor. La noche había hecho acto de presencia y aquellas deformadas calles en ángulos sobrenaturales se encontraban casi vacías.
El contorno del espacio, seguía moviéndose como un látigo que azotaba su mente, aunque justo delante suya una persona permanecía en pie, esperándole, con un perfil nítido.
- Vamos, buen hombre, démosles una lección.
Acto seguido, los dos emprendieron el camino adentrándose en las más oscuras sombras, hasta donde los crisantemos poblaban la tierra como una plaga.
Pero la carrera acabó pronto cuando sus pulmones estaban a punto de explotar y poco a poco empezó a recobrar la visión cuerda de la realidad y la vergüenza le apareció tras todo lo acontecido.
- ¿A qué esperas? ¡Vamos, buen hombre!
+ Estoy cansado por favor, dejame descansar
- Estamos cerca, ¡ no tienes nada que temer!
+ No temo nada. Sigamos pues...
En breve, alcanzaron un puente de piedra que se situaba sobre un abismo entre dos montañas, y el señor que le había guiado se subió al murete que separaba estar en contacto con el suelo, a estarlo con el vacío.
- Sube aquí, conmigo
+ No... no me fío de ti... ¡déjame!
- Sabes que estoy ligado a ti, tu y yo somos uno. No te puedes deshacer de mi
Lentamente, se acercó al muro, y con un cuidado paso subió en lo alto, miró y sonrió al otro personaje.
+¿Sabes? Soy incapaz de acordarme del número de veces que te he matado y siempre reapareces, y cuando lo haces, solo me haces daño.
- No confundas, buen hombre. Yo siempre he buscado tu bien, todos siempre intentan hacerte daño y yo te ayudo.
+ No, antes de que aparecieras en mi vida, era una persona normal...¡tenía amigos, familia, apoyo!
- No me jodas. - acarició la tez blanca del hombre.- yo siempre he sido tu único apoyo, ellos siempre han querido usarte. Sabes que no puedo morir, y yo siempre te ofrezco soluciones convincentes...
+¡MENTIRA! ¡Vas a morir conmigo! ¡Vas a morir!
- ¿Qué...?
No le dio tiempo a acabar sus palabras cuando el hombre agarrándole por el cuello, se lanzó junto con él a la inmensidad del precipicio.
Finalmente, el loco había encontrado la manera de acabar con la existencia de todos a los que odiaba, terminando con su propia vida no tendría que volver a aguantar risas hacia él ni vivir en un mundo que no le comprendía lo más mínimo, pues la diferencia de la percepción de la realidad entre la gente normal y él se había convertido en un auténtico cáncer que era incapaz de soportar.
Su álter-ego era el que siempre le había empujado a las vías del suicidio como solución al problema... aunque él también moriría junto a su huésped para siempre, pues no residiría en el recuerdo de nadie, nunca habría existido, solo en la imaginación de un hombre que ya estaría muerto.






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